16 Oct · Prat Caravaning · Sin comentarios

Selva negra y Suiza en autocaravana

Desde Lleida a Baden-Baden (Alemania), dos días tranquilos de trayecto por autopistas francesas y alemanas, donde son un mero trámite que hay que pasar para llegar a la destinación deseada.

                  Baden-Baden, un lugar antaño suntuoso y de rancio abolengo, lugar magnifico para el descanso, pero que como otros lugares, se ha quedado un tanto obsoleto, si bien guarda un cierto encanto, debido a sus mansiones y palacetes, y sobretodo a su entorno.

                  Desde allí cogimos la famosa carretera 500, que es la que atraviesa el corazón de la Selva Negra de Norte a Sur, hasta prácticamente Suiza. Bueno, que decir de tan (a priori) magnifico recorrido, pues bien, que al cabo de 24 horas de ver arboles gigantescos, y más arboles gigantescos, uno acaba un poco saturado, ansioso de espacios más abiertos, un tanto ahogado por ese verde oscuro intenso que a los romanos les hizo apelar como (Selva Negra).

                  Naturaleza magnífica sin duda, pero cuando uno sube por la carretera a lo alto de un puerto, lo que espera es tener unas vistas espectaculares, y eso en ese paraje se da en contadas ocasiones, ya que la frondosidad de los árboles, su altura y su espesura, dejan pocos huecos por donde contemplar un paisaje abierto y soleado.

                  Un tanto cansados de tanta frondosidad, decidimos adelantarnos hacia Suiza, pensando que allí las cosas iban a ser diferentes, y ciertamente lo eran; paisajes abiertos, lagos de ensueño, ciudades magníficas, montañas de imponente belleza… pero con un pequeño inconveniente en todo el país, si quieres aparcar; con una autocaravana, en una ciudad, es prácticamente imposible, y en el campo… difícil y siempre de pago, es un país precioso, pero que parece estar preparado para ejecutivos y ricachones, pero no para turistas ruteros, que lo único que pretenden es disfrutar de la tranquilidad que ofrece el contacto directo con la naturaleza, y mira que naturaleza exuberante no les falta en absoluto.

                  Os voy a contar una anécdota para ilustrar lo dicho: Cuando llegamos a Basilea, ciudad suiza en la frontera entre Francia y Alemania, estábamos ya hartos de dar vueltas y vueltas, cuando decidimos irnos de allí sin visitar la ciudad.

Decidimos hacer un último intento y preguntar por algún aparcamiento en un concesionario Volkswagen que nos encontramos, allí nos dijeron que era imposible, pero la chica que nos atendió, nos vio tan apurados que nos dijo que movería uno de sus vehículos de exposición y que dejáramos allí nuestra autocaravana, el rostro se nos iluminó, y yo no sabía como agradecerle a ese señorita el gran favor que nos hizo… finalmente pudimos visitar Basilea.

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